El imperativo palestino: la construcción de un Estado exige estrategia, no consignas – Por Alon Ben-Meir (*)
La solución de los dos Estados sigue siendo la única vía viable hacia la paz, pero no surgirá únicamente de cambios en la política israelí. Los palestinos deben emprender una profunda transformación estratégica —basada en la unidad, la reforma institucional y la no violencia— para que la creación de un Estado palestino sea creíble y alcanzable.
Durante décadas, he escrito extensamente sobre el conflicto israelí-palestino, defendiendo activamente un argumento central: ni israelíes ni palestinos lograrán jamás seguridad, dignidad ni permanencia sin la solución de los dos Estados. La seguridad absoluta para Israel es inalcanzable mientras se niegue a los palestinos la creación de un Estado, del mismo modo que las aspiraciones palestinas de soberanía permanecerán sin realizarse si no se abordan las legítimas preocupaciones de seguridad de Israel. El destino de ambos pueblos está intrínsecamente ligado.
En este contexto, he condenado reiteradamente las políticas de Israel, en particular la ocupación que dura ya casi 58 años. La implacable expansión de los asentamientos, la usurpación de tierras palestinas, la permisividad concedida a los colonos extremistas que aterrorizan a las comunidades palestinas y la sistemática deshumanización de los palestinos que ha prácticamente extinguido la confianza de las facciones palestinas en Israel. Estas realidades culminaron en el horrible ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023, seguido de una guerra militar israelí en Gaza que muchos observadores y académicos de renombre han calificado de tener dimensiones genocidas.
Los gobiernos israelíes liderados por el Primer Ministro Netanyahu han hecho todo lo posible para obstaculizar un proceso de paz viable. Durante casi dos décadas de dominio político, Netanyahu ha seguido una estrategia para impedir el surgimiento de un Estado palestino. Un elemento central de este esfuerzo ha sido la estrategia de divide y vencerás, polarizando con Hamás en Gaza y debilitando a la Autoridad Palestina en Cisjordania, asegurando así que no pudiera surgir un liderazgo palestino unificado que exigiera la creación de un Estado.
Sin embargo, reconocer la abrumadora responsabilidad de Israel no exime a los palestinos de sus propios fracasos. El movimiento nacional palestino ha sufrido fragmentación interna, una gobernanza débil, corrupción endémica y errores estratégicos. Lo más importante es que no ha logrado demostrar de manera convincente —ni a los israelíes ni a la Comunidad Internacional— su pleno compromiso con la paz basada en una solución de los dos Estados.
La violencia, independientemente de cómo se justifique, no ha impulsado la causa palestina. Por el contrario, ha fortalecido repetidamente a las facciones más radicales de Israel, justificado represalias desproporcionadas y profundizado el sufrimiento palestino. Dada la abrumadora superioridad militar de Israel, la resistencia armada ha demostrado ser no sólo ineficaz, sino también un fracaso estratégico. El camino hacia la creación de un Estado palestino no puede construirse con violencia; debe edificarse sobre la legitimidad política, la reforma institucional y un compromiso diplomático sostenido, mediado directa o indirectamente por una parte interesada en poner fin al conflicto.
Si los palestinos quieren cambiar el rumbo de este conflicto, deben adoptar una estrategia radicalmente nueva, basada en la transformación interna y la credibilidad externa. Esto requiere una serie de medidas concretas y coordinadas.
En primer lugar, los palestinos deben renunciar a la violencia, aunque resulte difícil plantearlo, especialmente tras la atroz violencia israelí contra ellos. La renuncia a la violencia debe ser constante y reforzarse mediante políticas y acciones concretas. Al retomar la violencia, los palestinos pondrán a Israel a la defensiva, sobre todo ahora que el Mundo observa la brutal violencia israelí contra los palestinos. Por muy desagradable que esto pueda resultar para Hamás, la Yihad Islámica y todas las demás facciones, deben aceptar una realidad simple pero ineludible: la violencia no trae la liberación. Sólo perpetúa la devastación. La brutalidad de Hamás en octubre de 2023 y la respuesta de Israel lo han demostrado trágicamente.
En segundo lugar, la unidad es indispensable. La persistente división entre Fatah y Hamás ha sido uno de los mayores obstáculos para el progreso palestino. Todas las facciones deben reconocer que, sin un frente nacional unificado, su causa seguirá siendo vulnerable a la manipulación externa y a la parálisis interna. La unidad debe fundamentarse en un objetivo claro y único: lograr la creación de un Estado mediante una solución pacífica de dos Estados.
En tercer lugar, son imprescindibles nuevas elecciones. La renovación democrática legitimaría al liderazgo palestino y demostraría al Mundo que los palestinos están preparados para autogobernarse con responsabilidad. Independientemente de la facción o partido que resulte ganador, deberá formar un gobierno de coalición que represente a todos los palestinos, liderado por el dirigente de la facción más votada. El nuevo liderazgo electo debe utilizar la violencia como herramienta política sin reservas y comprometerse con una solución pacífica al conflicto con Israel. Esto no es simplemente un ajuste táctico, sino una necesidad estratégica.
En cuarto lugar, los palestinos deben invertir en la movilización de su sociedad civil. Líderes religiosos, educadores, organizaciones juveniles y asociaciones profesionales deben participar en una campaña sostenida para promover la moderación, la coexistencia y la búsqueda de la paz. Este diálogo interno es esencial no sólo para la cohesión social, sino también para proyectar un compromiso creíble con la reconciliación con Israel.
En quinto lugar, los líderes palestinos deben hacer una declaración pública y no verbal de su compromiso con negociaciones incondicionales con Israel. Este mensaje debe dirigirse no solo a los líderes israelíes, sino también a la ciudadanía israelí, especialmente en el contexto de los ciclos electorales. Los israelíes deben escuchar, de forma reiterada y clara, que los palestinos están dispuestos a negociar de buena fe y a coexistir pacíficamente.
En sexto lugar, los palestinos deben unirse en torno a figuras unificadoras capaces de trascender las divisiones internas. Marwan Barghouti, por ejemplo, sigue siendo uno de los líderes con amplia legitimidad en toda la sociedad palestina. Una campaña coordinada y sostenida para su liberación podría servir no sólo como un punto de referencia simbólico, sino también como catalizador para la renovación política y la unidad. Para ello, los palestinos deben apelar a la Comunidad Internacional para que presione, persuada y convenza a Israel de su liberación.
En séptimo lugar, los palestinos deben ampliar y profesionalizar su enfoque diplomático. La Unión Europea sigue siendo un socio fundamental, capaz de ejercer influencia política y económica sobre Israel. Al mismo tiempo, los palestinos deben intensificar su participación en EEUU, donde la opinión pública —especialmente entre los votantes jóvenes— ha cambiado y se ha vuelto cada vez más comprensiva con su situación tras la Guerra de Gaza. Las campañas de incidencia efectivas pueden contribuir a reconfigurar el entorno político de manera que el progreso sea más alcanzable.
En octavo lugar, los palestinos deben aprovechar las estructuras multilaterales internacionales más estratégicas. La colaboración con los organismos de derechos humanos y los mecanismos de la ONU puede ejercer presión para que se rindan cuentas, al tiempo que refuerza el compromiso palestino con los medios legales y pacíficos.
En noveno lugar, no se debe descuidar el desarrollo económico y sostenible. Incluso bajo ocupación, los esfuerzos por fortalecer la gobernanza, mejorar los servicios públicos y fomentar la resiliencia económica pueden demostrar la preparación para la creación de un Estado y reducir la dependencia. Un marco institucional que funcione aumenta la credibilidad y sienta las bases para la soberanía futura.
En décimo lugar, condición indispensable para la implementación de cualquiera de las medidas anteriores, es fundamental abordar con determinación la corrupción dentro de las instituciones palestinas. La corrupción endémica ha erosionado la confianza pública y debilitado la gobernanza interna. Debe surgir una Autoridad Palestina reconstituida mediante procesos transparentes, con un liderazgo responsable, competente y genuinamente comprometido con los intereses nacionales.
Finalmente, los palestinos deben recurrir a Arabia Saudita, en particular, para iniciar un diálogo discreto con Israel. Arabia Saudita es el único intermediario concebible que posee algo que Israel realmente desea y no puede obtener en ningún otro lugar: la normalización de relaciones, la legitimidad regional y la estructura económica de la integración, a la vez que se compromete públicamente a la creación de un Estado palestino como condición.
Ninguna de estas medidas dará resultados inmediatos. Cambiar la percepción israelí, profundamente marcada por décadas de conflicto y temor, llevará tiempo. Sin embargo, una transformación palestina sostenida y creíble puede modificar gradualmente el panorama político israelí, empoderando a quienes reconocen que la ocupación no sólo es moralmente indefendible, sino que socava, en lugar de fortalecer, la seguridad nacional de Israel.
La elección de los palestinos no es teórica. Es una medida inmediata y trascendental. Los palestinos no pueden permitirse esperar a que Israel cambie de rumbo. La dinámica política israelí actual ofrece pocos motivos para esperar un giro voluntario hacia la paz. De hecho, el statu quo se está afianzando aún más. En este contexto, la capacidad de acción palestina deja de ser tan importante para convertirse en decisiva, ya que puede ser clave para hacer posible la creación de un Estado o para permanecer atrapados indefinidamente en una realidad que se agrava con el tiempo.
Los palestinos deben recordar que la creación de un Estado no les será regalada; deben ganársela mediante la claridad estratégica, la valentía política y un compromiso sostenido con la vía pacífica. Los medios están a su alcance, y el entorno internacional, a pesar de sus inconsistencias, ofrece oportunidades que pueden aprovecharse.
(*) Alon Ben-Meir es Profesor de Medio Oriente del Center for Global Affairs de la Universidad de Nueva York (NYU-SPS).
@AlonBenMeir

