¿Delimitación de áreas marinas y submarinas entre Venezuela y Granada? – Por Pedro Camacho (*)

A principios de abril de 2026, la Encargada de la Presidencia de Venezuela, Delcy Rodríguez, seleccionó a la isla caribeña de Granada para su primer viaje oficial al extranjero desde que asumió el cargo y fue recibida por el Primer Ministro de dicha nación, Dickson Mitchell. Según la información obtenida a través de los medios de comunicación, entre otros temas, se trató la delimitación de áreas marinas y submarinas entre los dos países, una asignatura pendiente con los países que integran la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO), cuyos miembros que la conforman son Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves. Habría que agregar otros territorios asociados en las Antillas Menores.

Debo destacar que la noticia cayó de sorpresa en virtud de que si bien la política de Venezuela hacia las islas-naciones de la OECO ha sido sostenida por una relación de acercamiento institucional mediante la presencia de representaciones diplomáticas, el telón de fondo, la razón fundamental por la cual Venezuela ha hecho acto de presencia en esa sub-región consiste en que toca un interés geopolítico venezolano de suma importancia: la delimitación de la frontera marítima con todas y cada una de esas islas-naciones. Considero oportuno desarrollar brevemente el tema por haber ejercido funciones diplomáticas en Dominica con rango de Embajador y porque la materia, a mi juicio, amerita una explicación más detallada por el efecto que podría producir la noticia aunque, para muchos, haya pasado inadvertida.

La posición de la OECO respecto al tema en consideración, al menos hasta 1999, es que la delimitación debería realizarse en forma conjunta, es decir, negociaciones OECO-Venezuela, mientras que la postura de Venezuela como política de Estado de los diferentes gobiernos democráticos, ha sido la no intervención de terceras personas, países u organizaciones, en otras palabras, que sean los gobiernos individual y directamente los que deben sentarse alrededor de la mesa de negociaciones. Además, como elemento imprescindible para iniciar las conversaciones, Venezuela ha insistido en que se tome como punto de partida Isla de Aves y no ha aceptado que se ponga en tela de juicio su naturaleza jurídica como isla.

Hasta el presente Venezuela ha delimitado sus áreas marinas y submarinas con los siguientes países: con Trinidad y Tobago, con el Reino de los Países Bajos (Antillas Neerlandesas), los Estados Unidos (Puerto Rico y las Islas Vírgenes) y Francia (Guadalupe y Martinica). Este intenso proceso con los últimos tres países se llevó a cabo teniendo a Isla de Aves como punto de partida estratégico. Como bien lo reafirmó el Ex-Canciller Isidro Morales Paul en su artículo “Victoria en el Mar”, publicado en El Nacional, estos acuerdos evidencian “soluciones amigables, equilibradas y razonables, que reflejan los intereses vitales de nuestro país y cumplen con una condición fundamental: ha representado para Venezuela la incorporación de áreas marinas y submarinas aproximadamente de 800.000 km2 a su ámbito territorial”. No obstante, algunos sectores caribeños, insisten en no aceptar Isla de Aves como isla pese a que no pueden dejar de reconocer que los acuerdos de delimitación precitados han tenido a Isla de Aves como un territorio táctico venezolano y debería constituir la piedra angular para los futuros acuerdos de delimitación con el resto de las naciones que integran la OECO.

Isla de Aves está ubicada a unos 300 kilómetros de Dominica. Es el punto más septentrional de Venezuela en el Mar Caribe y genera una amplia zona económica exclusiva para Venezuela, motivo por el cual, los gobiernos venezolanos han ejercido presencia permanente en esa porción natural de tierra. En 1972, mediante un decreto presidencial, la Isla es declarada refugio de fauna silvestre y en 1978 el gobierno venezolano representado por el Ex-Canciller Simón Alberto Consalvi y altos oficiales de la Armada venezolana, crea la Base Científica Naval Simón Bolívar en Isla de Aves y se le encomienda a la Armada la custodia de la Base y el control del tráfico marítimo.

El 7 de diciembre de 1995, asumí las funciones como Embajador en la Mancomunidad de Dominica. En un encuentro previo, el Ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Burelli, subrayó la importancia que para Venezuela tenía la finalización y suscripción de un acuerdo de delimitación de áreas marinas y submarinas entre los dos países con lo cual, dejaba entrever que ese tema era el punto álgido para Venezuela en sus vínculos con ese país. Era muy claro y preciso el mandato. Con el propósito de presentarle al Canciller Burelli un informe orientado hacia la acción tomando en consideración la premisa que Dominica debería ser el primer país con el que se emprendiera el proceso de delimitación hasta llevarlo a feliz término debido a su cercanía con Isla de Aves. Ya en 1987, el gobierno venezolano le había planteado a la Primera Ministra de Dominica, María Eugenia Charles, de manera informal, el tema de la delimitación tomando como referencia fundamental Isla de Aves. Un año más tarde, la Primera Ministra se habría inclinado a aceptar una negociación directa para lo cual la Secretaría de la OECO le habría otorgado plenos poderes a objeto de comenzar las conversaciones entre los dos países. Posteriormente, la Cancillería venezolana tuvo conocimiento que la delegación de Dominica incluiría a asesores o “consejeros extranjeros”, todos opuestos a la posición venezolana, razón por la cual, Venezuela no se prestó al juego y reiteró su posición de negociar bilateralmente. Destaco que otros mandatarios de Dominica también conocieron el interés venezolano de cerrar la frontera marítima.

La instrucción era tan clara como el agua: la negociación debería realizarse de manera bilateral con Dominica sin intervención de ninguna entidad regional o internacional y su eventual solución, debería asimismo, reportarle beneficios tanto a Venezuela como a Dominica y, por ende, en un futuro, al resto de las Islas-naciones involucradas. Durante mi permanencia en la isla pude percibir que círculos políticos de Dominica estaban conscientes de la relevancia política que para Venezuela significaría la conclusión del proceso de delimitación. En consecuencia, convenía demostrarle a la Isla, con planteamientos serios y viables, que una fijación de los linderos marítimos con Venezuela le ofrecería a Dominica una excelente oportunidad para disfrutar de un conjunto de iniciativas de cooperación que Venezuela estaría dispuesta a brindar en áreas claves para su desarrollo económico-social y que no podían ser atendidas directamente por Dominica o mal atendidas por la carencia de recursos de toda índole.

La Embajada de Venezuela se abocó, mediante consultas con diversos sectores del país, a esbozar un programa multidisciplinario de cooperación sobre la base de las necesidades de cooperación de Dominica. Sostuve varias charlas con el Primer Ministro Edison James y pude constatar que había voluntad política de su parte para reiniciar un diálogo sobre la delimitación. Era necesario que el gobierno de Dominica comprendiera que la firma del acuerdo no constituiría un grillete que estorbaría los movimientos de aproximación entre las dos naciones. Se trataría de aplicar el principio de reciprocidad que debería privar en toda acción diplomática, o simplemente, un “quid pro quo”.

En enero de 1997, le hice entrega al Ministro Burelli un informe acerca de la delimitación entre ambas naciones. Reiteró que esa materia había que resolverla pronto y le comenté que la Embajada estaba analizando la posibilidad de una visita oficial a Venezuela del Primer Ministro Edison James, ocasión que no se debía desperdiciar para concretar el reinicio de las negociaciones, teniendo presente, evidentemente, la participación de las direcciones competentes del Despacho, en particular, la Dirección de Fronteras del MRE. El Ministro asintió y consideró conveniente la visita.

El informe incluía un programa de acción contentivo de los siguientes sectores: Ambiente, Pesca, Drogas, Energía, Economía y Comercio, Finanzas, Militar, Educación y Cultura, y otras áreas. (El informe completo abarca la desagregación por temas y comentarios precisos sobre cada sector y eventual participación de Venezuela en cada uno de ellos).

Entre los días 18 y 19 de junio de 1998, se realizó la visita oficial del Primer Ministro de Dominica Edison James a Venezuela. El Presidente Rafael Caldera sostuvo un diálogo privado en Miraflores con el Primer Ministro James, sin la presencia del Canciller Burelli. Cada mandatario expresó de manera muy afectiva y sincera su punto de vista acerca de los nexos entre ambas naciones y cómo podrían mejorar. El foco central, como era de esperarse, era el relanzamiento del proceso de delimitación de áreas marinas y submarinas entre ambos gobiernos. El Primer Ministro James estaba dispuesto a dialogar sobre el tema en conocimiento de que se trataba de un asunto de suma importancia para Venezuela. El tiempo transcurría y el tema de la delimitación no surgía. Cuando parecía que la agenda se agotaba, fue entonces cuando el Primer Ministro James asomó el tema. Manifestó que conocía el interés venezolano para el reinicio de las conversaciones. El Presidente Caldera asintió al comentar la conveniencia de reanudar el diálogo. No se profundizó más sobre la materia ¿quizás porque se trataba de un año electoral en Venezuela y no se debía comprometer al próximo gobierno sobre tan delicada materia? Durante el almuerzo ofrecido por el Presidente venezolano, en su discurso, el Primer Ministro James expresó: “hemos también hablado sobre la posibilidad de concluir el tratado de delimitación que incluye Isla de Aves. Tenemos toda la esperanza de que esto se pueda hacer de un modo fructífero”.

La visita oficial se ejecutó a cabalidad sin nada que lamentar desde el punto de vista protocolar. Se abrigó la esperanza de obtener el impulso político necesario para reabrir las conversaciones sobre el tema en cuestión e indicar, al menos, el enunciado de un plan de acción, dado el carácter que el Primer Ministro James le había estampado al tema y su sincera inclinación de tratarlo a la brevedad posible. Lamentablemente, si no hubiera sido por el Primer Ministro, el tema ni siquiera se hubiera mencionado.

En mayo de 1999 regresé a Caracas. Como Director General de Economía y Cooperación Internacionales, tuve la oportunidad de replantear el tema de la delimitación de áreas marinas y submarinas con Dominica. En la Dirección se estudió la viabilidad de llevar a la práctica un programa de cooperación multisectorial fundamentado en las propuestas plasmadas en el informe antes mencionado, las cuales podrían extenderse al resto de las islas-naciones del Caribe Oriental una vez suscrito el acuerdo con Dominica. El marco legal permitiría la puesta en ejecución del programa de cooperación. El Ministro de Relaciones Exteriores José Vicente Rangel conoció el informe, pero otras prioridades del nuevo gobierno aparecieron en el camino.

Al regresar al tema enunciado en el epígrafe, debo subrayar que ignoro los acontecimientos que se habrían desarrollado sobre el tema de la delimitación con la OECO durante los últimos 27 años. El encuentro entre la Encargada de la Presidencia de Venezuela y el Primer Ministro de Granada, más allá de ser la primera visita oficial al exterior, que ya de por sí se convierte en una noticia impactante, el hecho de haberse planteado el tema de la delimitación con la isla-nación no deja de llamar la atención.

(*) Director General de Economía y Cooperación Internacionales hasta febrero de 2002. Embajador ante la Mancomunidad de Dominica entre enero de 1996 y mayo de 1999.

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