Pesaj 2026: La victoria total de Netanyahu – Por Leo Corry (*)
Los días de Pesaj del año 2026 son los más tristes que se puedan recordar en la historia de nuestro país. Una de las costumbres más esenciales de la cultura judía en Israel son los encuentros familiares alrededor de la mesa del Seder, generalmente numerosos y alegres. Esto es válido para todas las familias, sean ortodoxas, tradicionalistas o seculares, cada cual a su manera. Este año, por el miedo a los misiles iraníes —especialmente al desplazarse por calles y carreteras— y por el ánimo decaído de gran parte de la población, muchas familias se organizaron en encuentros reducidos o evitaron del todo realizar el Seder. Aun así, el deseo de reunirse, aunque fuera con una parte de la familia, y de no decepcionar a los nietos que esperan la festividad y el afikoman, fue suficiente para no renunciar por completo a la costumbre.
En los asentamientos cercanos a la frontera norte, evacuados desde hace tanto tiempo que ya cuesta recordar cuándo ocurrió, el ambiente estuvo lejos de ser festivo. No hubo celebraciones masivas y la presencia se limitó principalmente a equipos de seguridad y fuerzas militares. Durante la víspera y la noche del Seder, Hezbollah realizó varios lanzamientos hacia la Alta Galilea. Se activaron alarmas en varias localidades, incluyendo Kiryat Shmona, aunque sin ráfagas masivas que paralizaran toda la región. En ciudades algo más alejadas, como Tzfat, Rosh Pina, Haifa y el sur del Golán, los residentes intentaron celebrar bajo un alto nivel de alerta y cerca de áreas protegidas. En algunos casos, la cena fue interrumpida por sirenas, obligando a trasladarse a refugios en plena lectura de la Hagadá. Incluso Tel Aviv fue alcanzada en medio de la cena. Los iraníes mantuvieron la tensión durante el día y las horas previas, aunque por alguna razón no molestaron durante el Seder mismo.
Llevamos más de un mes en que el León Rugiente ha golpeado Irán, con repercusiones en todo el Medio Oriente, mientras la Furia Épica del impredecible Trump ofrece explicaciones contradictorias, a veces varias veces al día, sobre los objetivos y el final de la guerra. Desde la perspectiva del ciudadano israelí, sin embargo, se vuelve cada vez más claro que Netanyahu avanza hacia la “victoria total” de la que tanto habla. No en Gaza, donde, pese a la destrucción masiva, Hamás sigue controlando la vida civil y reconstruyendo su fuerza militar sin nadie que lo detenga. No en el Líbano, donde volvemos a hundirnos en el barro un conflicto que ya costó tantas vidas. Tampoco contra Irán, que, a pesar de los logros operativos israelíes, sigue alterando profundamente–con pocos cohetes al día–nuestra vida cotidiana sin que se vean señales de cambio cercano, mientras mantiene bajo amenaza el Estrecho de Ormuz. No: A pesar de toda la habladuría de paja vacía de contenido con la cual nos llenan la cabeza a diario los comentaristas interminables en los estudios de TV, el gobierno y sus portavoces, la única victoria total de Netanyahu no es en ninguno de esos frentes, sino en el frente que realmente le interesa – el frente interno.
Esa victoria se dirige contra la democracia liberal y sus instituciones, contra la seguridad, la economía y el futuro de nuestros hijos, contra las libertades civiles y el sistema judicial —especialmente contra quienes llevan adelante el proceso penal en su contra—, contra la creación de una comisión independiente que investigue la responsabilidad del gobierno en la masacre del 7 de octubre, y contra la memoria colectiva de ese desastre. También contra los medios de comunicación, el sistema educativo, las universidades y la investigación. Es, en última instancia, una victoria contra la idea misma de que este país puede aspirar a vivir bajo normas mínimas de decencia, intentando convivir con nuestros vecinos y formando parte de la comunidad internacional sin descuidar la seguridad ni el bienestar social de los ciudadanos.
Para salvar su pellejo político y esquivar el peso de la ley, Netanyahu ha promovido la división y el odio, facilitando el ascenso de las fuerzas más dañinas de la sociedad. Ha erosionado normas cívicas básicas y continúa debilitando estructuras construidas durante décadas con enorme esfuerzo y sacrificio. Todo esto se ha intensificado en el último mes, mientras la atención pública se concentra en la guerra.
No soy la persona indicada para un análisis geopolítico profundo sobre los objetivos de la guerra o su justificación. Sí puedo recomendar una entrevista del periodista israelí Guy Rolnik a Robert Pape, experto en estrategia global de la Universidad de Chicago, que aclara muchos aspectos importantes de la situación actual. Les adelanto un spoiler: no se trata de una opinión muy optimista. La entrevista es en inglés aunque empieza con una introducción de algunos minutos en hebreo. Pueden escucharla por vía de este link.
Pero más allá de las razones estratégicas, sean cuales sean, no debemos olvidar que Israel se acerca a elecciones y que, desde la perspectiva del gobierno, ya estamos en campaña. Netanyahu y su entorno no escatimarán medidas para reforzar sus posibilidades de reelección —o incluso para evitar elecciones— y para desviar la atención de su responsabilidad en la debacle del 7 de octubre. Esto incluye, sin duda, la disposición a asumir conflictos con escasas restricciones. Ignorar este factor impide comprender la realidad política actual.
Uno de los objetivos declarados de la guerra era provocar un cambio de régimen en Irán. La idea de lograrlo mediante un ataque militar —y más aún exclusivamente aéreo— siempre me ha parecido ilusoria. Ojalá me equivoque, pero los hechos no apuntan en esa dirección. Más aún, incluso si ocurriera un cambio, no hay razón para suponer que el nuevo régimen sería más democrático o favorable a Occidente. Tampoco parece que el bienestar del pueblo iraní sea una prioridad real para Trump o Netanyahu.
Más aún, la eliminación de la cúpula de los ayatolas puede parecer impactante a primera vista, pero en la práctica ella elimina también a quien podía haber contenido el avance nuclear, es decir, el mismísimo Alí Khamenei (y los allegados que manejaban el país). En su lugar surge una dirigencia más radical, menos experimentada y con necesidad de consolidarse mediante confrontación, y además de todo, sedienta de sangre y de venganza. Tienen en sus manos 440 kilos de uranio enriquecido cercano al 60%, con el potencial de llevar en un tiempo no muy largo a la construcción de 11 bombas atómicas. Cabe destacar, además, que en Mayo de 2018, cuando Netanyahu convenció a Trump de retirarse del acuerdo nuclear (JCPOA), Irán cumplía fielmente todas las cláusulas del convenio que le prohibía enriquecer más allá del 3,67%, y estaba bien monitoreado por organismos internacionales. Todos los estrategas serios en Israel declaran terminantemente que la actitud arrogante de Netanyahu que llevó a esa decisión fue una tragedia mayor y uno de los errores estratégicos más graves que se hayan podido cometer en toda esta saga del poder nuclear de Irán.
Parecería entonces muy improbable en este momento que Irán se aleje de la vía de la teocracia represiva y fanática. Pero el objetivo paralelo de cambio de régimen político que la guerra sí está ayudando muy eficientemente a completar es el cambio de régimen en Israel, que es el proyecto central del actual gobierno. Bajo el amparo de la guerra, se consolida una deriva hacia una teocracia antidemocrática y antiliberal: debilitamiento institucional, erosión de la separación de poderes, discriminación, creciente control político y sustitución de profesionales por leales sin competencia.
El estado de guerra constante ha facilitado estos procesos. Se insiste en la unidad, la resiliencia y la ausencia de críticas, mientras la población pasa horas en refugios —muchos en condiciones deplorables que el gobierno nunca se tomó la molestia de preparar adecuadamente ante la llegada inminente de momentos como este, y que nuestros líderes ni se toman la molestia de visitar de vez en cuando para ver con sus ojos la triste realidad— y el gobierno aprovecha para impulsar medidas extremas.
La policía, realizando las políticas de Ben Gvir, persigue con dureza y con saña hasta ahora desconocida a las pocas voces de disidencia pacífica contra la guerra sin perdonar ni siquiera a ancianos, como pueden ver en este link a un clip filmado hace un par de días en Tel Aviv o este otro link a un video filmado ayer en Jerusalem.
Los terroristas judíos, apoyados por los políticos de la derecha mesiánica, mientras la derecha tradicional se queda callada, hacen estragos entre los campesinos palestinos en los territorios, mientras el ejército se hace de la vista gorda, protege a los terroristas mismos en sus ataques, y a veces hasta colaboran directamente con ellos. Estos ataques se han multiplicado y recrudecido en este último mes, y los medios no tienen tiempo ni ganas de reportar como se debe.
Les pongo acá un video tomado del canal 11 israelí. Está en hebreo, pero no es estrictamente necesario entender todo lo que se dice. Las imágenes hablan por sí solas.
https://www.youtube.com/watch?v=bqR0I3G56bw
Pero el ejército y la policía sí que tienen tiempo para detener con violencia niños árabes o hasta un joven que sufre de síndrome de Down. Todo esto es parte de la cultura de violencia y de la tendencia promovida por Ben Gvir, Smotrich y sus secuaces, y apoyada por Netanyahu activa o pasivamente, que llevó a la aprobación apresurada de la ley racista contra terroristas árabes, que no aplica a judíos, que se celebró con botellas de champaña en la Knesset. Y cabe recordar que quien ha impulsado la iniciativa de esta ley, Ben Gvir, es de por sí un criminal que fue condenado en 2007 por su apoyo a una organización terrorista (judía), y antes de eso fue uno de los principales incitadores al asesinato de Yitzhak Rabin en 1995, y además se orgullecía de tener en el salón de su casa un retrato del terrorista judío Barcuh Goldstein, que acribilló en febrero de 1994, disparándole por la espalda mientras rezaban, a 29 habitantes del la ciudad de Hebrón.
Es una ley inútil, peligrosa y obviamente inmoral, como se explica acá:
Pero dejo una explicación más detallada de eso para otra oportunidad.
Además, mientras los ciudadanos corren a los refugios, la knesset aprueba en medio de la noche un presupuesto escandaloso que representa un robo abierto del tesoro nacional en pro de los miembros de la coalición y de sus intereses mezquinos–en vez de prepararnos para el desastre económico que se avecina, proporcionar los medios para reconstruir los asentamientos totalmente abandonados y destrozados en el norte, apoyar a los sectores productivos y de enseñanza que pueden prometer crecimiento económico a largo y corto plazo. Ahí está la victoria total de la que Bibi ha estado hablando sin parar.
En las últimas semanas había planeado varias veces escribir un texto que presente este tipo de puntos de vista y alguna información con perspectivas que son menos conocidas fuera de Israel (y que no necesariamente son unánimemente compartidas dentro del país). Pero el tumulto de eventos ha sido tan intenso y tan complejo, que no he sabido por dónde empezar. Y ni hablar de que tiempo no es lo que me sobra, cuando tenemos que enfrentarnos al manejo de una universidad en situación de emergencia, luego de más de treinta meses en guerra a mayor o menor intensidad. Pero aprovecho estos días de Pesaj–y la estadía obligada en casa por los misiles iraníes que caen sobre nuestras cabezas y la de nuestros hijos y nietos–y trataré ahora de cumplir esta meta. He comenzado con este manifiesto general que da un contexto amplio desde el que se pueda entender más claramente algunos de los temas que me gustaría tocar en los próximos días, asumiendo que el tiempo y la habilidad de concentrarme me lo permita. La lista tentativa de temas aparece acá abajo. Espero que les interese.
Para finalizar esta parte quisiera contarles que en esta época del año ya ni siquiera sabemos cómo desear a nuestros amigos felicidades en la fiesta. Ya nadie se atreve a decir simplemente y como se acostumbra, “Hag sameach” (feliz fiesta). Lo que se desea es una fiesta tranquila (חג שקט), y siempre uno lo acompaña con un “dentro de lo que se puede”, “dadas las condiciones”, “relativamente”, o algo por el estilo. O como lo pone el meme que anda por las redes:
Bueno, entonces eso es también lo que yo deseo hoy, recordando que Pesaj es la fiesta de la primavera, que señala la libertad y la renovación constante, y como tal simboliza la esperanza de los tiempo mejores que pronto llegarán.
(*) Leo Corry es Profesor Emérito de la Universidad de Tel Aviv y Rector de la Universidad Abierta de Israel.
Publicado originalmente en: https://www.leocorry.com/post/pesaj-2026-la-victoria-total-de-netanyahu
Reproducido con la autorización del autor.




