¿Cese al fuego en Medio Oriente? – Por Kenneth Ramírez (*)

Cualquier acuerdo de cese al fuego tiene que diseñarse de manera que pueda presentarse como una victoria para los bandos en pugna. En efecto, el cese al fuego de dos semanas anunciado ayer por el Primer Ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, quien ha estado mediando en la llamada Tercera Guerra del Golfo junto a la diplomacia egipcia y turca, intenta cumplir con este requisito al dar a Washington y Teherán cierto margen para declarar la victoria. En este sentido, el Presidente Trump puede indicar que decapitó al liderazgo iraní y degradó el programa nuclear, el programa de misiles iraní y la armada persa; mientras que Irán puede afirmar que logró resistir el duro embate de EEUU e Israel, que no ha cedido sus derechos a tener programas nuclear y misilístico, y ha afirmado su reputación de poder y soberanía sobre el Estrecho de Ormuz.

Según la declaración de Sharif, el cese al fuego entraría en vigor de inmediato, con conversaciones de paz programadas para el próximo viernes en Islamabad con el propósito de concretar los detalles a partir de la aceptación de un plan de 10 puntos presentado por Irán a través de Pakistán. En respuesta, el Presidente Donald Trump afirmó que EEUU ya había “cumplido y superado todos los objetivos militares”. Mientras tanto, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán declaró que EEUU había “sufrido una derrota innegable, histórica y aplastante”.

Sin embargo, en realidad, poco ha cambiado sobre el terreno en las últimas 24 horas. Los ataques aéreos iraníes continúan alcanzando objetivos en Bahréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Arabia Saudita informó que el crucial oleoducto Este-Oeste que transporta petróleo desde sus yacimientos al Mar Rojo había sido atacado.

El tráfico no se reanudó a lo largo del día a través del Estrecho de Ormuz, ya que las navieras afirman estar tratando de determinar las condiciones necesarias para garantizar el paso seguro. Un portavoz iraní declaró al Financial Times que el país continuaría cobrando los peajes en criptomonedas durante el cese al fuego.

Mientras tanto, Israel lanzó lo que calificó como su mayor oleada de ataques aéreos hasta la fecha contra El Líbano. En este contexto, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu afirmó que El Líbano quedaba excluido del acuerdo, contradiciendo rotundamente la declaración de Sharif. Acto seguido, el Presidente Trump ha respaldado a Netanyahu, mientras que Irán ha justificado sus ataques por ello y afirmó al final del día que el Estrecho de Ormuz vuelve a estar cerrado.

En consecuencia, la Administración Trump parece ser la única parte que ha cesado los ataques, los cuales son muy impopulares en EEUU en general y dentro de la base MAGA en particular. No obstante, aunque el Presidente Trump parece ya estar buscando la salida de un conflicto cuyo eventual escalamiento puede generar más caos y pasarle factura en las elecciones de medio término, parece no saber cómo reabrir el Estrecho de Ormuz sin ceder ante las demandas iraníes más extremas, ni tampoco cómo imponerle límites a Netanyahu.

Por supuesto, no es inusual que los acuerdos de cese al fuego sean frágiles e inestables o que tarden en consolidarse por completo. Pero parece que estamos ante un asunto completamente distinto: las partes en conflicto ni siquiera se ponen de acuerdo sobre lo que se acordó. Ni siquiera parece existir un documento formal que establezca los términos de la tregua: sólo se observan declaraciones y acusaciones contradictorias.

Irán, por su parte, está difundiendo múltiples versiones de su plan de paz de 10 puntos, que el Presidente Trump ha aceptado como base para las conversaciones de paz. La versión publicada en persa exige la “aceptación del derecho al enriquecimiento de uranio” en el marco de su programa nuclear, pero esta frase no aparece en la traducción al inglés que los funcionarios iraníes distribuyeron a los periodistas. El Presidente Trump sigue exigiendo el paso libre por el Estrecho de Ormuz de acuerdo a las normas internacionales y el statu quo ante bellum, pero diferentes versiones del plan de paz iraní indican que Irán seguiría cobrando peajes en el futuro y se los repartiría con Omán –que no ha sido consultado al respecto–, lo cual supondría una derrota estratégica.

En la región y en todo el Mundo, crece la confusión e indignación ante esta situación. El empresario egipcio-estadounidense Naguib Sawiris reflejó el sentir de muchos en Medio Oriente al describir el alto el fuego como “un acuerdo ambiguo, extraño e impreciso que sólo puede interpretarse como una victoria para el régimen iraní, especialmente en lo que respecta al Estrecho de Ormuz, que era un paso internacional abierto antes de la guerra”. Hizo un llamamiento a los Estados del Golfo para que se unan, sin la participación de EEUU, y “elaboren una estrategia para afrontar la nueva situación”. El malestar de los Estados del Golfo ante la indefensión durante esta guerra puede traducirse en cambios de posturas geopolíticas, lo cual supone otro impacto estratégico que EEUU debe calibrar adecuadamente.

Aunque se logren salvar las conversaciones de paz en Islamabad, el daño a la economía global y a la reputación internacional de Washington ya es incalculable. Al fin y al cabo, Trump –persuadido por Netanyahu– fue quien inició una guerra sin consultar al resto de los aliados de EEUU –desde Europa hasta Asia–, la cual ha afectado la economía mundial, colocando en riesgo a las poblaciones más vulnerables del Mundo.

El Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó el sentimiento de muchos en Europa y más allá: “El Gobierno de España no aplaudirá a quienes incendian el Mundo sólo porque se presenten con un cubo”.

(*) Profesor de la EEI-UCV. Presidente del COVRI.

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