Este Hemisferio es de todos – Por Luiz Inácio Lula da Silva (*)
Los bombardeos de EEUU en territorio venezolano y la captura de su Presidente el 3 de enero constituyen otro capítulo lamentable en la continua erosión del Derecho Internacional y el orden multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
Año tras año, las grandes potencias han intensificado sus ataques contra la autoridad de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad. Cuando el uso de la fuerza para resolver disputas deja de ser la excepción y se convierte en la regla, la paz, la seguridad y la estabilidad mundiales se ven comprometidas. Si las normas se siguen solo de forma selectiva, se instala la anomia y se debilita no sólo a los Estados individuales, sino al sistema internacional en su conjunto. Sin normas acordadas colectivamente, es imposible construir sociedades libres, inclusivas y democráticas.
Los Jefes de Estado o de Gobierno, de cualquier país, pueden rendir cuentas por acciones que socaven la democracia y los derechos fundamentales. Ningún líder tiene el monopolio del sufrimiento de su pueblo. Pero no es legítimo que otro Estado se arrogue el derecho de impartir justicia. Las acciones unilaterales amenazan la estabilidad mundial, perturban el comercio y la inversión, incrementan el flujo de refugiados y debilitan aún más la capacidad de los Estados para enfrentar el crimen organizado y otros desafíos transnacionales. Es particularmente preocupante que estas prácticas se estén extendiendo a América Latina y El Caribe. Generan violencia e inestabilidad en una región que lucha por la paz mediante la igualdad soberana de las naciones, el rechazo al uso de la fuerza y la defensa de la autodeterminación de los pueblos. En más de 200 años de historia independiente, esta es la primera vez que América del Sur ha sido objeto de un ataque militar directo por parte de EEUU, aunque fuerzas estadounidenses ya habían intervenido en la región.
América Latina y El Caribe albergan a más de 660 millones de personas. Tenemos nuestros propios intereses y sueños que defender. En un mundo multipolar, ningún país debería ver cuestionadas sus relaciones exteriores por buscar la universalidad. No nos someteremos a esfuerzos hegemónicos. Construir una región próspera, pacífica y pluralista es la única doctrina que nos conviene.
Nuestros países deben impulsar una agenda regional positiva, capaz de superar las diferencias ideológicas en favor de resultados pragmáticos. Queremos atraer inversión en infraestructura física y digital, promover empleos de calidad, generar ingresos y expandir el comercio dentro de la región y con naciones fuera de ella. La cooperación es fundamental para movilizar los recursos que tanto necesitamos para combatir el hambre, la pobreza, el narcotráfico y el cambio climático.
La historia ha demostrado que el uso de la fuerza nunca nos acercará a estos objetivos. La división del mundo en zonas de influencia y las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos son obsoletas y perjudiciales.
Es crucial que los líderes de las principales potencias comprendan que un Mundo de hostilidad permanente no es viable. Por muy fuertes que sean esos poderes, no pueden basarse simplemente en el miedo y la coerción.
El futuro de Venezuela, y de cualquier otro país, debe permanecer en manos de su pueblo. Sólo un proceso político inclusivo, liderado por los venezolanos, conducirá a un futuro democrático y sostenible. Esta es una condición esencial para que los millones de ciudadanos venezolanos, muchos de los cuales se encuentran temporalmente refugiados en Brasil, puedan regresar a casa con seguridad. Brasil seguirá trabajando con el gobierno y el pueblo venezolanos para proteger los más de 2.090 kilómetros de frontera que compartimos y para profundizar nuestra cooperación.
Es con este espíritu que mi gobierno ha entablado un diálogo constructivo con EEUU. Somos las dos democracias más pobladas de las Américas. En Brasil estamos convencidos de que unir esfuerzos en torno a planes concretos de inversión, comercio y combate al crimen organizado es el camino a seguir. Sólo juntos podremos superar los desafíos que aquejan a un Hemisferio que nos pertenece a todos.
(*) Presidente de la República Federativa de Brasil. Artículo publicado originalmente en The New York Times.

