Arranca la Asamblea – Por Félix Arellano

Arranca la Asamblea

Está iniciando el 74 periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con una agenda ambiciosa, compleja, desafiante. Del 24 al 30 de septiembre, durante la fase de la alta política, se esperan unos 97 Presidentes, numerosas delegaciones; una intensa jornada de diálogos y negociación sobre temas tan complejos como Irán, que se ha radicalizado en los últimos días, con serias amenazas militares, pero también Siria, Corea del Norte, las guerras comerciales, el cambio climático y, obviamente, el caso venezolano, que será objeto de atención especial en los diálogos privados, en las reuniones informales y en varios eventos especiales que pudieran definir nuevos rumbos de acción.

Son varios los temas centrales de este periodo de sesiones: erradicación de la pobreza, calidad de la educación, cambio climático e inclusión. Adicionalmente, todas las instituciones que conforman el sistema de las Naciones Unidas, presentarán sus informes y proyectos de resolución; que han sido trabajados intensamente por las delegaciones permanentes. Un engranaje institucional que trabaja durante todo el año y presenta resultados e informes de gestión durante la Asamblea.

Adicional al trabajo administrativo, la Asamblea constituye una oportunidad política para dialogar y negociar, entre los 193 países miembros que la integran. Una organización plenamente universal en su membrecía y absolutamente multidisciplinaria en su dinámica de trabajo. Pero tales características también generan algunas limitaciones; el sistema se ha burocratizado significativamente, es lento, de rutinas administrativas que no siguen el ritmo de los graves problemas mundiales que están enfrentando.

Las debilidades funcionales del multilateralismo y, en particular de las Naciones Unidas, han estimulado un creciente escepticismo y, en algunos casos, rechazo. Una maquinaria que puede ser apreciada como costosa, lenta y, en algunos casos, ineficiente; empero, resulta cada día más evidente su importancia para la paz y convivencia mundial.

Adicionalmente debemos reconocer que, buena parte de los problemas del multilateralismo, son productos de la dinámica de sus países miembros, en particular, de los gobiernos populistas, autoritarios y radicales; celosos de sus soberanías, temerosos de los controles.

Muchos de los temas que han avanzado en la agenda multilateral conllevan transformaciones para la clásica actuación de los Estados. En general, supone flexibilizar y dinamizar la rígida concepción de la soberanía, que aspira poner marcados límites a la actuación de las organizaciones multilaterales, considerándolas fundamentalmente subsidiarias y supeditadas a las decisiones gubernamentales.

Vivimos una dinámica del mundo global con profundas transformaciones tecnológicas, que exige de gobiernos más flexibles, dialogantes, negociadores y cooperadores; y de una arquitectura institucional eficiente y cohesionada. Los grandes problemas que está generando la globalización conllevan consecuencias en los países, en sus sociedades, pero difícilmente pueden ser resueltos con limitadas políticas nacionales.

Los problemas globales exigen de soluciones globales; empero, en el heterogéneo escenario mundial, no todos los participantes están dispuestos a cooperar y menos a cumplir los compromisos adquiridos, por eso los radicales prefieren una institucionalidad internacional débil, limitada jurídicamente tanto en su capacidad de acción, como de control. No obstante los serios obstáculos que imponen las visiones rígidas de la soberanía, el multilateralismo ha logrado avanzar en diversidad de temas, entre otros, son ejemplos representativos: el sistema internacional de los derechos humanos o la creciente normativa en materia ecológica.

Algunos cuestionan los avances por la ausencia de controles y sanciones efectivas, pero en la práctica encontramos un interesante avance en la labor moral de las organizaciones sociales que, actuando al interior de los países y en coordinación global, están exigiendo y evaluando el cumplimiento de los compromisos, conscientes que somos los seres humanos el epicentro de los cambios y de sus beneficios.

En este contexto, el caso venezolano se presenta como un importante desafío para la eficiencia del multilateralismo, ha movilizado las bases institucionales del sistema interamericano y, ahora, se puede apreciar claramente el déficit de normas relativas a la participación de los directamente afectados por las prácticas autoritarias de los gobiernos. Las Cartas Democráticas requieren de una revisión y actualización a la luz de la experiencia venezolana. También encontramos retos para el funcionamiento, tanto del Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, como del Examen Periódico Universal de los derechos humanos.

El tema venezolano de nuevo estará presente y muy activo en este 74 periodo de sesiones de la Asamblea General. El contundente Informe de la Sra. Bachelet así lo exige.

Por otra parte, también están planteadas reuniones específicas fuera de la agenda de la Asamblea, como la reunión de Cancilleres del TIAR o la reunión de alto nivel que sobre el caso venezolano coordinará el Presidente Donald Trump. Son eventos que pueden cambiar el rumbo de los acontecimientos, y representan claras evidencias del interés de la comunidad internacional de restablecer la democracia en Venezuela.